OTROS OJOS

< Hay muchas cosas por decir que no sé cómo decir. Faltan las palabras. Pero me niego a inventar otras nuevas: las que existen deben decir lo que se consigue decir y lo que está prohibido > clarice lispector, escritora brasileña

algunas miradas y palabras al trabajo de marina santo como creadora-interprete por profesionales multidsciplinares

_MG_1717 - copiafoto original por antonio herranz

cuerpoema

GLORIA FORTÚN

< escritora, investigadora y docente >

 

cuerpoema es Un experimento elucubrado y dirigido por Marina Santo.

Con la presencia y los versos de las poetas Laura Casielles y Martha Asunción Alonso. Cuerpos: Bárbara Domínguez, Cristina Araúzo, Cristina López, Graciela Hernández, Vicky Medina, Aitor Galán, Artista invitada: Rafaella Marques. Con la colaboración de Gloria Fortún, cartelería : Gen H. fotografía Juan Serrano Corbella.

 

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Marina Santo se reclina sobre la columna y observa la escena exprimiendo su barbilla con una mano, abrazando su propio cuerpo, explorando distraída sus rizos, acuclillándose y levantándose en cuestión de segundos, moviéndose en fin como si la solución, la escena perfecta, estuviera enganchada en su carne.
Y quién te dice a ti que no.

 

Es un sábado amarillo de finales de marzo y llevan todo el día preparándose

para “lo de esta noche”. ¿Cómo definirlo? Danza poética, recital danzado,

ceremonia nupcial de dos géneros por los que vela la música aún cuando no

suene una nota. Un experimento, un sueño loco a cuyo servicio se ha puesto

toda esta gente que ahora escucha los versos, escucha su cuerpo y se deja

llevar.

 

Las poetas también están allí. Esas voces que tantas veces he rezado entre

dientes se han materializado en dos mujeres con aspecto de no creerse mucho

lo que está pasando. ¿Estamos bailando mis poemas? Atrás quedó la mesa

con micrófono y vaso de agua, esto es otra cosa. Se sentarán en círculo, nos

mirarán sudar, estamos en manos de Marina, en manos de estos cuerpos, en

manos, como siempre, de nuestra poesía.

 

Ya llega la gente. Hamelín. Entredós está a rebosar, hay avidez de poesía,

aversión por la grisura, mucho deseo de montarse en uno de esos cuerpos

danzantes y escapar como si se tratase del lomo de un dragón volador. Parece

ser que la cosa va a empezar, parece ser que todo era verdad.

 

Rafa Marques arranca a leer encarnando cada palabra con su pronunciación

brasileña, convirtiendo los versos a veces en toffee, a veces en rodajas de lima.

En cuanto a las poetas, una siempre tiene excusas para enamorarse de las

poetas. En este caso es inevitable. Laura es pequeña y salvaje, con cierto

descaro en el gesto, sonrisa y ojos luminosos. Martha es alta y parece tímida,

no sé, la acabo de conocer, pero tiene aires de loba incomprendida, de alguien

tierna y loca. Me encantan. Las admiro, ya las quiero. Marina ha conseguido

(es maga y siempre te hace sentir importante y fiera y linda) que en esta

experiencia que es Cuerpoema ambas encuentren unos movimientos para su

voz, un cuerpo para su poesía quitaalientos. Están magníficas y dan ganas de

estar en una selva y no en el centro de Madrid.

 

… pero a dónde vas tú sola con tanta pierna luna.

 

Otras voces también leemos. En el ensayo general la mía tembló, no pude

meterme en los poemas y no dejaba de ser consciente de mis pensamientos.

Los nervios. Mierda, no voy a hacerlo bien. Pero cuando ya estamos en ello me

entrego sin remisión. Rendida a esos cuerpos que a su vez se han fundido con

nuestras voces y se mueven convirtiéndose en poemas también.

 

Parece ser que no soy la única en emocionarse. Cuando Cuerpoema termina y

resuena un eco de versos y danza, la ovación de la gente que ha llenado cada

rincón de Entredós quema las palmas y provoca nudos en las gargantas de

quienes hemos tenido la suerte de formar parte del sueño de Marina Santo.

Abrazar fuerte, porque quién no está regresando de algún viaje.

 

Sábado, 28 de marzo de 2015 en Fundación Entredós.

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ombligo, de marina santo

por naiana cabral

< artista, doctoranda en bellas artes >

El cuerpo que baila

Transciende a la poesía atravesando la realidad de la relación innata de la experiencia estética

El cuerpo que se pone descompone el a priori del cuerpo establecido

se Descompone

se Descompone

se Descompone

Compone

Compone otros cuerpos posibles

Posibles cuerpos compuestos

En un cuerpo que compone aprioris de si mismo

Un cuerpo

El cuerpo que baila

– ombligo –

Madrid, diciembre de 2014

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ombligo, de marina santo

por Gen 

< artista >

< ya sabemos que yo siempre empiezo mis dibujos por los ojos, pero esta vez tuve que empezar por el ombligo. anoche lo vi bailar, en el centro del cuerpo de marina. bailaba con la respiración y con el silencio, bailaba con la quietud, con la tensión de lo que está a punto de estallar. bailaba con los ojos, bailaba a gritos.

anoche me quedé clavada en mi butaca mientras la frase “bailando con todo su cuerpo” cobraba un nuevo significado para mí.Solo diré que fue emocionante, y que deseé tener un cuaderno y todo el tiempo del mundo para pintar todo lo que vi >

ombligo

Madrid, 27 de septiembre 2014.

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OMBLIGO, DE MARINA SANTO

POR DIANA FÉLIX

< periodista de  HORA AMÉRICA, RADIO 5 > [PARA ESCUCHAR LA ENTREVISTA ENTRE AQUÍ]

MARINA GRITA EN SU SILENCIO. ES UNA MUJER OBJECTUALIZADA QUE INTENTA SER ESTO, MUJER, Y LO CONSIGUE, PERO EN LA INTIMIDAD DE LA OSCURIDAD.

Madrid, 1 de agosto de 2014.

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OMBLIGO, de marina santo

por GRACIELA HERNÁNDEZ MORÁLEZ

<socióloga, educadora, poeta. fundadora del espacio singulares, en madrid>

MARINA BAILA CON LOS PULMONES DE QUIEN BUSCA RESPIRAR CUANDO HAY TANTA PRESIÓN. BAILA CON LA TENSIÓN Y LA DISTENSIÓN DE QUIEN SUFRE Y DE QUIEN SE ATREVE. BAILA CON LA EMOCIÓN DE SABER QUE, A PESAR DEL RUÍDO, HAY UN CAMINO. BAILA CON LA RABIA DE QUIEN YA NO QUIERE VERSE ATRAPADA Y LA IRONÍA DE QUIEN SABE MOSTRAR LO ESENCIAL. BAILA CON ESA HERIDA QUE COMPARTIMOS TODAS. BAILA CON EL SONIDO DE SU RESPIRACIÓN. BAILA CON SU PRESENCIA Y YA SABÉIS TODO LO QUE DESATA LA PRESENCIA DE UN CUERPO FEMENINO.  BAILA CON SU OMBLIGO QUE NOS RECUERDA QUE HEMOS NACIDO DE MUJER. BAILA CON SU SILENCIO Y SU GRITO CONTENIDO. BAILA CON LA PUNTA DE SUS PIES Y LA CURVA DE SU COXIS. BAILA, INCLUSO CUANDO PARECE QUE YA NO LO HACE. BAILA, BAILA, BAILA, SINTIENDO, ATRAVESANDO, DESATANDO. Y YO, AL VERLA, ME EMOCIONO.

Madrid, 22 de julio 2014.

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OMBLIGO, de Marina Santo

por Ernesto García López

<antropólogo, poeta y activista político>

En el inicio no fue el verbo, sino el cuerpo

Ya lo dijo el antropólogo francés Marcel Mauss. Una de las zonas esenciales desde las cuales los humanos establecimos las bases para la existencia social hay que rastrearla en eso que dicho autor denominara “técnicas y movimientos corporales”. El cuerpo entendido como primer instrumento del ser humano, el más natural, un objeto y medio larvario a la vez. Las técnicas corporales concebidas como un sustrato “anterior” a las técnicas instrumentales, racionales. Y dentro de estas técnicas la danza asumida como “técnica por excelencia” donde el cuerpo es instrumento sin más (todo el cuerpo). Según Hanna (1977) se trataría de la “conducta humana compuesta por secuencias de movimientos corporales no verbales, realizadas a propósito, intencionadamente rítmicas y pautadas culturalmente, que se distinguen de otras actividades motoras ordinarias, y que poseen un valor inherente y estético.” Para algunos teóricos (intentando romper la dicotomía occidental de cuerpo/mente) el cuerpo que danza no es fisiología sino cuerpo animado. La danza sucede en tanto conducta en contexto, es expresiva. No danza sólo el cuerpo sino la mente con él, ni danza solamente el individuo, sino la sociedad con él. De ahí que sus señas de identidad no sean kinéticas (puramente físicas) sino autotélicas, es decir, fines: gravitación de la acción en el movimiento mismo. Implica entender el cuerpo como totalidad, exhibición de todo el cuerpo en acción. Por eso algunos etnógrafos han investigado la danza desde posiciones teóricas distintas. Bien en su sentido técnico (cuerpo como instrumento, habilidad, entrenamiento) que ha dado como productos heurísticos la codificación denominada Labanotación (sistema de signos, al modo de una partitura musical) y la Coreografía (gramática o sintaxis del movimiento). Bien como abandono de sí mismo, la danza en su versión evasiva sin destino, pérdida de control y de uno mismo. Así, el polo técnico vincula la danza a las acciones de intervención en el entorno, labores de subsistencia y técnicas de reproducción de la vida social. El polo de la pérdida de sí mismo vincula la danza a los actos rituales, realizados ante la trascendencia y el fulgor.

Por eso en el inicio no fue el verbo, sino el cuerpo, la danza, el movimiento, la yuxtaposición de esos dos polos dentro de la vida en comunidad…

Quizá varios de los vuelcos fundamentales que la teoría social ha experimentado durante el pasado siglo y éste que ahora transitamos debemos buscarlos en las teorías feministas, queer, y muy especialmente en las teorías del embodiment (In-Corporación) y el “paradigma decolonial”. En cierta medida, todas estas líneas de fuga nos hacen comprender que “no somos porque pensamos” (siguiendo la estela cartesiana), sino que “somos donde pensamos”, es decir, nuestro pensamiento viene dado por una “geopolítica” y una “corpopolítica del conocimiento”. Pues bien, Ombligo de Marina Santo, constituye a mi juicio un buen ejemplo de todo esto. De hasta qué punto la danza entendida en su doble polo técnico y abandono de sí mismo pueden entremezclarse. De hasta qué punto esa geopolítica y corpopolítica del conocimiento se despliegan ante el espectador en sus diferentes momentos y secciones.

En Ombligo habitan múltiples tensiones. Por un lado una bajada en apnea hacia las fuentes de la condición social, física, política de la mujer mulata, sambista, brasileña, emigrante, feminista, expuesta a la insaciable voracidad del exotismo y el erotismo patriarcal. Por otro, la ruptura de ese estereotipo, la propia lucha por re-pensarse desde otro lugar. Pero hay más. A cada paso, a cada movimiento, la mulata, la mestiza, la sambista brasileña, la emigrante, el “objeto deseado” crece y cae, resiste e insiste por reafirmar una identidad compleja, proyectiva, imposible de encerrar en una sola denominación. Marina Santo pone su cuerpo al servicio del “rompimiento”, al servicio de la constante desafección, porque sólo desde la puesta en crisis de las categorías heredadas esa misma mujer puede reivindicar su existencia en toda su plenitud.

Para algunas teóricas (Scheper-Hugues y Lock, 1987) el cuerpo tiene una triple dimensión. Por un lado estaría el Cuerpo individual, el sentido intuitivo de mismidad. Un organismo biológico donde se enraíza el sentido de ser (la experiencia y conciencia dadas desde la cultura). El individuo es cuerpo, pero el cuerpo es uno y múltiple en sus fragmentos. Los hechos sociales (creencias, valores, ideologías, relaciones sociales, etc.) están y son cuerpo. Por otro lado nos encontraríamos con el Cuerpo social, entendido como uso del cuerpo en tanto que representación. Se trata de la proyección del cuerpo a otros ámbitos u órdenes, de tal modo que sus usos simbólicos se entroncan con la visión de la sociedad y de las relaciones sociales en cada cultura. Sirve entonces el cuerpo de metáfora, se proyecta simbólicamente en la sociedad y ésta, a su vez, se proyecta también sobre el cuerpo. Por último destacaríamos el Cuerpo político, la regulación y vigilancia de los cuerpos, el impacto de las relaciones de poder en los cuerpos individuales y sociales (Foucault). El “Poder” entendido no sólo como un mecanismo jurídico sino también como aquellas tácticas y estrategias represivas en todos los órdenes de la existencia. El poder conceptualizado como un  “Bio-poder”. El cuerpo político no es sólo el que sufre la represión sexual sino el que es incitado al deseo por la acción del poder.

Pues bien, desde mi perspectiva en Ombligo encontramos una síntesis de esos tres cuerpos. Hay cuerpo individual cuando Marina Santo trabaja (desde sus potencialidades y limitaciones biológicas) en torno a su propia biografía. Hay cuerpo social cuando, en sabio diálogo con el “pandero” de Rodrigo da Matta dibuja movimientos que vienen a representar el mito de la mujer brasileña siempre al servicio del deseo del otro. Hay cuerpo político cuando inscribe en él las señas de la resistencia, de la dignidad, de la apertura (no sin coste) hacia un mundo levantado contra las ocupaciones del poder y a favor siempre de la felicidad y la vida.

Quizá por eso en el principio no fue el verbo, sino el ombligo del cuerpo, la fraternidad de los cuerpos, la angustia del cuerpo, la solidaridad del cuerpo…>

Madrid, 21 de julio de 2014

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Ombligo, de Marina Santo por Aline Casagrande

<actriz, dramaturga y escritora>

.c o r p o.

Yo y  mi cuerpo. Todo parado. Donde estoy, hacia donde voy?

Todo de cabeza para bajo.

Head over hills.

Intuyo que puedo más. Hay espacio dentro de mi. Mucho espacio.

Camino, camino aún así, sin saber donde ir, todo al revés.

Pero no.

Hago fuerza. Respiro.

Intento, y giro y…

Un nudo.

Nó.

Nó de marinheiro.

Ai que dó.

 

Sigo. Me reviro.

Poca ropa. Llevo poca ropa, necesito mi piel expuesta, necesito mi piel que busca, que respira.

“Profundo es la piel”, ya lo han dicho.

Sin embargo mi pequeña ropa tiene muchos colores, muchos palos.

Los palos de Brasil. 

Mi cuerpo es Brasil. Mi pelo, mi color, mi culo: todo es Brasil.

Mi cuerpo es típico. Yo no.

Yo no soy típica. Soy singular, femenino singular.

 

Sigo buscándome, mis brazos me atan, me arrastro.

Un nudo y otro nudo.

Me doy la vuelta, la tripa mirando al cielo.

Oh cielo, dime lo que es ser típica.

Ojalá fuera típica, tan más fácil seria entenderme entonces.

Oxalá meu pai!

El J español. El J que es una lima. Me rasca la piel el J.

Relájate! Relájate!

Jajaja, Relájate me tensiona cada célula.

Relaaaxa…

Ahora sí. Relaxo, y permito mi cuerpo.

 

Miro y veo gente, les sonrío, me quieren?

Quiero que me quieran. Y que me vean. Y viéndome, a lo mejor me veo.

No quiero ser compreendida, quiero ser amada!” También lo han dicho: una escritora brasileña, nada típica. Ligia. Digo su nombre en español: Ligia. Y se me ponen los pelos en punta.

 

Doy una y otra vuelta. Mi cuerpo me permite todo: es fuerte, es bueno, es bello.

Soy buena con él? Eso quiero descubrir.

Lo estoy buscando, lo busco mientras me exhibo.

“Mostrar es más que ser”, ha dicho Brecht, y sigo su rastro.

Beso el suelo, beso mi rastro. Soy cobra, soy reptil, soy mi ancestral evolutivo. Pero quiero crecer.

Ahora. Finalmente me pongo de pié. Aun de puntillas, aun no toco el suelo.

Miro a la gente. Quiero que me quieran.

Llegó el momento, me van a dar nota! Que oportunidad!

Me presento a un casting!

Doy mis perfiles. Hago poses típicas.

Soy sexy, soy brasileña.

Mirad, mirad!

Que desastre! No puedo!

No soy yo, y caigo una y otra vez. Como una gallina doy saltos.

Que vergüenza, no quiero participar de eso, déjame ir, déjame ser y ya!

Pero sigo, y fíjate…del salto surge el baile.

La música me invita, y bailo la samba de mi alma.

Una samba melancólica, un borrador de samba.

La música me protege. Mi cuerpo fuerte me protege.

Paro. Respiro. Miro.

No puedo estar de pié y ser juzgada a la vez.

Déjame a solas con mi cuerpo.

Me desnudo, ahora por fuera, después de haberme desnudado por dentro.

La luz es tenue. Me abrazan las tinieblas.

Seguiré entera, más cerca de mi.

Y el silencio.

Madrid, 18 de julio de 2014.

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OMBLIGO, DE MARINA SANTO

POR juliane elizabeth hagenbeck

< poeta, psicologa >

terreno de toda batalla – ombligo de cada universo – centro creativo complejo de dramas, enredos y sexo; verdad en presencia – verbomovimiento concreto “cuerpo”

Aracaju, diciembre 2013

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Ombligo, de marina santo

por Dinamara Feldens Garcia

<filosofa, profesora universitaria y escritora>

Del capullo al nacimiento

Andando a cuatro manos, cuatro patas o quizás andando en la búsqueda de la ligereza que nunca hemos alcanzado, de la primitiva y potente arte de deslizar en estado de puro devenir, sin territorios, sin patas…así empieza el baile de Marina, Mar…todavía. Estado de liquidez en suelo.Y nosotras/os en estado de publico, intentamos entender si aquél cuerpo está solamente a buscarse.

Pero no es eso, es más…hay un cuerpo a servicio de la expresión. ¿De la suya? De todas y todos? De un devenir mujer o de la vida que nunca termina de suceder.

No sabremos nunca. Reposa en su cuerpo el dolor de la existencia ligera y la fuerza del ombligo.

Ombligarse, ombligando, ombliniversal…el universo puede estar en el movimiento de una existencia. Y en el ombligo del caos.

Los pies sobre la propia cabeza…Marina ahora entera, levantase de sí, vitalmente en los cuatro pies…en las cuatro manos…y solamente en el ombligo.

Innombrables procesos, velocidades, vibran los cuerpos, todos los cuerpos allí puestos, en el publico del ser que baila: el/la extraño/a y el/la extranjera/o, la maternaje y el aborto, el horrible y el bello, el dolor y la alegría, los sucios mundos y los inocentes mundos, la/os vagabundos y las/os territorializados

¿qué pasa, qué sucede, qué grita silenciosamente?

Gritan todas las mujeres, gritan las/os desvalidas/os, grita el arte, gritan las/os inhumanas/os en nosotras/os, grita el sublime, la inmanencia, gritan las Marinas y sus ombligos.

¿Qué podemos hacer si no tejer con su cuerpo y sus movimientos nuestras propias vidas?

¿Qué somos,  si no aquello que nos pasa, qué  nos sucede?

Allí sucede un cuerpo, piernas, culos, pies, patas, brazos, músculos, contornos, radicalismos de sí – un sí des-hecho y re-hecho a cada insoportable y rebosante gesto. Un soplo, un golpe, una risa rota. La danza que se hace soberana frente a la vida que ella busca expresar.

 Y delante de este cuerpo en entrega tan fuerte, la palabra calla y respeta

Madrid, abril de 2013.

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